Un grupo de mujeres tomadas de las manos en un círculo perfecto, en un espacio público imponente. Allí donde estamos acostumbrados a ver figuras de bronce o mármol, están ellas, convertidas en Living Monuments (Monumentos Vivientes), en una obra de la artista Aurelia Mihai (DEU-ROU). Una de las imágenes potentes que definen a BIENALSUR y que hoy puede verse en el Km 204 de su cartografía, el Museo Nacional de Artes Visuales de Uruguay.

Obra de Aurelia Mihai (DEU-ROU) en exhibición en el MNAV de Uruguay.
A lo largo de sus 10 años de historia, BIENALSUR se ha consolidado como un ecosistema cultural transnacional que no solo incluye a las mujeres, sino que las sitúa en el centro de sus narrativas críticas. Desde su nacimiento en 2015 (y su primera edición en 2017), este modelo ha sostenido un compromiso firme con la paridad y la visibilización, alejándose de los esquemas tradicionales donde la figura femenina ocupaba un lugar periférico.
Más que un evento concentrado en una única ciudad, BIENALSUR funciona como una arquitectura de red que conecta puntos distantes del planeta, desdibujando jerarquías geopolíticas. Su concepto de “kilómetros” (Km) es la columna vertebral del proyecto y su gesto más disruptivo: una obra situada en el Km 18346 (Tokio, Japón) posee el mismo estatus curatorial que una en el Km (Ciudad de Buenos Aires, Argentina). No existen sedes principales o secundarias.
Para las artistas mujeres, esta lógica es profundamente significativa: afirma que el arte es un lenguaje que viaja, que conecta migraciones, crisis climáticas, identidades y memorias sin reproducir centros de poder.

Ana Gallardo, Casa rodante, 2007. Videoperformance, 34"min. Cortesía de la artista
Dirigido desde sus inicios por Aníbal Jozami y Diana Wechsler, este dispositivo cultural ha impulsado ejes curatoriales que buscan “deshabituar la mirada” sobre lo cotidiano y los roles históricos. La selección de obras no responde a cuotas ni a correcciones simbólicas, sino a las preocupaciones reales del arte contemporáneo global. Así, ha tendido puentes entre figuras consagradas y nuevas voces en un plano de igualdad efectiva.
Por sus sedes han pasado artistas fundamentales como Marta Minujín, Martha Rosler, Betsabeé Romero, Voluspa Jarpa y Marie Orensanz, entre muchas otras. Al mismo tiempo, nuevas generaciones han encontrado aquí un espacio vital para expresar inquietudes sobre precariedad laboral, identidad digital o crisis ambiental, como lo evidencian las obras de Sara Abuabdallah, Fátima Pecci Carou y Anna Schapiro.

Sarah Abu Abdallah, Mornings of Hope 2017. Instalación audiovisual.
Uno de los rasgos más distintivos de este ecosistema es su proceso de selección: en lugar de imponer un tema previo, escucha lo que los artistas están produciendo en tiempo real. A través de una convocatoria internacional libre y gratuita, abierta sin restricciones de edad, nacionalidad o trayectoria, capta las pulsiones auténticas del presente. El proceso —avalado por un Consejo Internacional de Curaduría— es concebido como un acto de respeto hacia la libertad creativa.
Por ello, numerosas voces influyentes del campo artístico han definido a BIENALSUR no como un simple evento expositivo, sino como un modelo cultural alternativo: una forma de organización que cuestiona las jerarquías tradicionales y propone una geografía horizontal del arte contemporáneo.
En palabras de su directora artística, Diana Wechsler, “Las artistas mujeres en BIENALSUR no solo ocupan un espacio; ellas eligen mapas, bibliotecas y archivos para desafiar al espectador a mirar y volver a ver, cuestionando aquello que la historia ha dado por sentado. No hablan desde la periferia; hablan desde un lugar de enunciación que reclama el centro de la escena contemporánea.”

Graciela Sacco, ¿Quién fue?, 2017. Impresiones digitales sobre papel. Dimensiones variables © Thiago Consiglio © Wara Vargas.
Imagen portada: ORLAN, NO, BABY, NO, 2018 - Video digital, 2 min 46 s. Cortesía Orlan y Ceysson & Bénétière. Curado por Studio Stefania Miscetti. SHE DEVIL 9, 2017.